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domingo, 27 de octubre de 2013

¿POR QUÉ HAY QUE VISITAR LOS MUSEOS?



Una ilustración está realizada para ser impresa. El autor conoce las limitaciones técnicas y debe ajustarse a ellas. La obra final es la que vemos cuando abrimos el libro para el que han sido creadas.
Con la pintura o la escultura (también la arquitectura y otras artes) no sucede lo mismo. La obra final es única y es necesario formar parte directamente del diálogo que se forma entre la obra y el espectador (y en algunas ocasiones también el espacio) para poder comprenderla en su totalidad.
Gracias a la fotografía y al vídeo tenemos constancia de muchos lugares y muchas obras que quizá nunca lleguemos a conocer en persona. Podemos saber, a través de una revista o un documental, por ejemplo, cómo es la selva amazónica y qué animales viven en ella, pero estaremos muy lejos de conocer esa selva: cuáles son los sonidos imperceptibles para el micrófono, cómo es la humedad, cuáles son los olores característicos… 

Vincent van Gogh Girasoles (detalle), 1887 


De igual manera, puedo saber qué forma tiene una obra de arte determinada por fotografías o por vídeos pero, salvo en casos muy especiales (ediciones de lujo o proyectos como Google Art Proyect), el conocimiento que tenemos de las imágenes es muy superficial: los colores no coincide con los de la obra real, nos faltan datos tridimensionales (tamaño, textura) y otros como el espacio en el que se encuentran. Sólo podemos disfrutar al 100% de una obra de arte cuando la tenemos delante. El Síndrome de Stendhal difícilmente se va a producir mientras miramos una impresión de una obra.

Claude Monet El puente de los nenúfares (detalle) 1899

Siempre cuento a los alumnos la extraordinaria sensación que me produjo, cuando tenía 17 años, la visión del David de Miguel Ángel en la Academia de Florencia. Había visto su imagen en libros cientos de veces, pero tener delante  ese coloso blanco de más de 5 metros de altura (yo siempre había pensado que era más pequeña) me impactó. Lo mismo me ha venido ocurriendo cuando he podido conocer en directo la obra de alguno de los grandes pintores de todos los tiempos. Me impresionaron el Greco, Velázquez, Rembrant, Goya…


 Hans Memling Retrato de Maria Portinari (detalle) ca. 1470

Estos artistas que cito, son pintores para los que no sólo la composición o morfología de la obra eran importantes, lo era también la técnica, la materia, la expresividad del trazo, etc. Elementos que, a veces, son demasiado sutiles para poder ser reproducidos por los métodos de impresión convencionales, pero de los que nuestra visión, en directo, podrá fácilmente disfrutar.

El Greco Jesús curando al ciego (detalle) ca. 1570
 
Hace poco tiempo, tuve la oportunidad de viajar a Nueva York y visitar, entre otros, el Museo Metropolitano. Sólo por visitar este espacio ya merece la pena el precio del billete del avión. Las colecciones que lo conforman, entre ellas las de pintura, son maravillosas. 
Mi observación de las obras en un museo siempre se produce desde diferentes distancias: con la más alejada, tengo una visión global de la obra y obtengo una imagen mental de la misma, mientras que con la observación más cercana, puedo disfrutar de  los recursos técnicos y expresivos siguiendo la huella física que el artista ha dejado en su obra.

Paul Cézanne Naturaleza muerta con manzanas (detalle) ca. 1895 (MoMa)

Las fotografías que acompañan este texto, son detalles de algunas de las obras pictóricas que tuve la suerte de conocer en el Metropolitan. Si pulsáis sobre ellas, podréis ampliarlas. Espero que os gusten.

 
Edgar Degas La Toillete(detalle) ca. 1885  

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